monti otoño 2013

monti otoño 2013

Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El AVE y el menú a un máximo de 11,90 €


Con todas las críticas, que son muchas, la gastronomía de la ciudad de Valencia tiene una oferta destacada desconocida fuera de ella. Los mejores restaurantes de la Comunidad están fuera de la ciudad, (desde Casa Alfonso a Quique Dacosta Restaurante antes El Poblet y con ellos hasta casi una docena más) pero hay algunos de interés y algunos otros que sin tenerlo son atractivos por su belleza que compensa su inferior nivel gastronómico.

Por desgracia, para la mayor parte de los capitalinos, que son muchos y bastantes con mucho dinero, gastronómicamente Valencia equivale a paella. Con toda razón se quejaba Ricard Camarena hace unas semanas en Valenciaplaza.com del daño que había hecho a lo bueno (además de arroces) que se hace por aquí. La realidad constatada por Camarena seguro que le habrá traído problemas con los autoproclamados guardianes de las esencias patrioteras pero es cierta y certera. Sin embargo, la puesta en funcionamiento del AVE podría modificarla. El efecto amplificador que tiene Madrid, capital de un país tan centralista como España, es espectacular. Con algo [mucho] de esfuerzo se podría situar a la gastronomía valenciana en un nivel completamente diferente al actual (si cambian precios y sobre todo actitudes pero esa es otra cuestión).

Los restauradores no paelleros debería adoptar medidas conjuntas desde ya para demostrar que existen. Iniciativas tipo Valencia Cuina Oberta/VLC Restaurant Week tienen efectos positivos según me dicen los participantes que conozco. Mayores, seguro, que esa pérdida de tiempo de los jueves en el Mercado Central. En cualquier caso son puntuales y se perderán dentro del río de visitantes sedientos de paella que, inicialmente, traerá el AVE. Y es crucial aprovechar ese efecto inicial para hacerse ver y consolidar una tendencia positiva. A los interesados les toca pues afinar el magín. Asociaciones del tipo Menjar i viure, muy apagadas hoy, o incluso la Asociación Valenciana de Sumilleres pueden hacer mucho. Claro que todo indica que la pasta se prefiere gastar en eventos como Lo mejor de la gastronomía que igual se hacen en Alicante que en Albaladejo del Tormes. O en cocidos y paellas tan gigantes como horteras.

Lo evidente es que debe descartarse el éxito por el simple hecho de poder plantarse en "la playa de Madrid" en algo más de hora y media. El nada comentado, y seguro que carísismo, estudio realizado por la Generalitat sobre los efectos económicos del AVE, ha estimado que el gasto medio diario por viajero en "alimentación" será 11,90 euros. Con esa previsión hay que concluir que la gastronomía de Valencia no gana nada con el nuevo tren. La conclusión, como quizá el resto del estudio, es tan errónea como defender que sólo por existir, el AVE va a conseguir que nuestros restauradores dejen de ser unos desconocidos y mejoren, al tiempo, su postrada, por más que merecida, situación resultado de sus abusos.