monti otoño 2013

monti otoño 2013

Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

martes, 1 de marzo de 2011

La revolución de Vuelve Carolina

El centro de Valencia está siendo convertido en el reino de la tasca franquiciada. Entre las que ya había y las recién abiertas (San Vicente, Mar y Paz) cuento ya más de la docena. Por el contrario, los restaurantes aceptables con un servicio propio de tal nombre escasean. Peor aún, los pocos que hay hace años que no realizan innovación alguna. Ni en la carta ni en su decoración. Para qué si llenan, pensarán sus propietarios, sin percatarse de que han llenado, no por calidad sino por tener un público cautivo debido al número de oficinas y negocios de esa zona de la ciudad.
La apertura hace ahora dos meses, de Vuelve Carolina ha revolucionado ese anodino panorama. Tras años obligados a comer lo mismo, la iniciativa de Dacosta ha llevado a un éxito de público espectacular. Muchos días los servicios se doblan en el almuerzo (y llena bastantes noches) y no hay ejecutivo que se precie que no haya acudido o piense acudir. Es lo que tiene ser una copia exacta, salvando la enorme distancia, de local abierto por Ferràn Adrià (Tickets) tras el fracaso económico de El Bulli.
El resultado se resume en tres rasgos, ninguno de ellos positivo para el comensal aunque sí para el éxito empresarial, lo cual no deja de ser relevante. En primer lugar, una descomunal desorganización a la hora de dar mesa, con Manuela Romeralo superada por el ingente trabajo (y su inexperiencia en estas lides). En segundo lugar, un servicio de una heterogeneidad inaceptable, con partes casi iguales de amabilidad y eficiencia y trato impresentables según el/la camarer@ en suerte. Y en tercer lugar, un continuo vocerío que impide cualquier tipo de conversación sosegada o privada ante la proximidad de las mesas y los efusivos saludos de quienes a pesar de verse a menudo parecen creer estar coincidiendo en la base antárdida Gabriel de Castilla. Todo ello por un precio de 40 a 60 euros por persona dependiendo del vino, en línea con la competencia más directa. Eso sí, la carta de vinos es de las mejores que hoy se puede encontrar en la ciudad y con unos precios moderados.
¿Calidad de la comida? La esperable en una iniciativa destinada a hacer caja. Combina unas tapas deficientes y de coste mínimo (con los yogures varios a la cabeza) con platos de mejor factura (la carrilera estofada por ejemplo) aunque sin la calidad, también superior precio, de otros restaurantes. Y arroces aceptables aunque más por los fondos que por la inadecuada cocción propia de un local abarrotado. Los postres de pena para quien busque algún vestigio de los de Denia.
¿Conclusión? Lo mejor es obtener la propia. La mía es que bien está que los chefs ganen dinero. Lo negativo sería que tan sonado éxito llevara a reorientar Quique Dacosta Restaurante hacia esta línea de baja calidad gastronómica aunque tan rentable económicamente. Falta hace un Ducasse o un Robuchon valenciano. Pero hace ya años que decidí que jamás volvería a ninguno de sus restaurantes. Ni a los más glamurosos (como el del Hotel Plaza Atheneé) ni a los menos (como Aux Lyonnais). Para fábricas prefiero las de manufacturas.

Vuelve Carolina, C/Correos, 8    TEL. 963 218 686