monti otoño 2013

monti otoño 2013

Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

viernes, 7 de enero de 2011

Vinos para el invierno

Vinos los hay a miles. A cientos de miles probablemente. Y casi todos se venden aceptablemente. Hasta Gran Bretaña los produce favorecida por el cambio climático. Esa variedad es la prueba de que los gustos personales son casi abundantes y diferentes como los caldos. De otra manera todos beberíamos los mismos.

Es verdad que también se beben etiquetas (en España Vega Sicilia por ejemplo, a años luz de donde estaba y los sobrevalorados Prioratos) o enólogos (como el bluf Peter Sisseck) o críticos (otro bluf todavía mayor como el equipo español de la factoría Parker). Pero aun descontando estos fenómenos publicitarios hay en España innumerables vinos cuya degustación, sin necesidad de vaciarnos la cartera, proporciona una gran satisfacción y, compartidos, una velada agradable.

Dejo fuera de estas líneas los más potentes, muchos de grado alcohólico excesivo (14,5ºo más). Es el apartado en el que entra Valtosca, un buen shiraz pero lejos los australianos o el Juan Gil Monastrell 2008 con sus 14,5º un vino bien hecho entre tanto exceso con la monastrell.

En la actualidad, y mientras encuentro el Rioja de mi vida, mis preferidos por relación calidad precio son los Ribera del Duero. Como los modestos Atalayas de Golban Crianza 2006, que es posible adquirir por menos de 10 euros o el Vega Izán Crianza 2007 con precio inferior a 5 euros. Obviamente, el reserva 2004 de Fuentenarro (no los demás de esta bodega, como el decepcionante Vendimia Seleccionada 2008) los supera (he podido comprarlo a 18 euros).

Son vinos con ese punto dulzón de la tinta fina bien elaborada con toques ligeros de madera que se beben con agrado. Para mi mejores que que los más prestigiados (como los Pujanza o Quinta Sardonia) aunque no tanto como otros de un precio superior entre los que destacaría Aalto o Astrales, ambos crianzas de la añada 2006. Hoy por hoy, estos cuatro están en mi opinión por encima de los habitualmente excelentes crianzas de Arzuaga o de Pago de Carraovejas.

Fuera de esta zona, en Rioja, sigo teniendo en el atípico Allende 2005 mi opción preferida a la hora de buscar una buena relación calidad precio. Debo reconocer mi debilidad, quizá no justificada, por el reserva de Marqués de Riscal de precio imbatible. Ya con más euros se pueden encontrar vinos excelentes aunque alejados de la elaboración tradicional que es la con más agrado bebería (si la encontrara). Mi recomendación actual es San Vicente 2005, ya difícil de encontrar, y Sierra Cantabria Reserva de la Familia 2006

Como es obvio, el mundo del vino español no se acaba en estas dos zonas aunque sean las de mayor tradición. Cariñena, Baleares, Navarra o Madrid están elaborando vinos con una calidad impensable hace sólo unos años. Ocasión habrá de referirnos a ellos porque, mal que les pese a algunos, no todo ha de ser vino valenciano.