monti otoño 2013

monti otoño 2013

Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

viernes, 6 de julio de 2012

Comer en la "city" de Valencia: los buenos, los malos y los que llenan


La city, sus pombas y sus obras
Un diseño acertado obra del estudio mLlongo
Se come bien 

Delirant. Un remanso de tranquilidad y buen gusto en pleno centro. Menos conocido de momento que sus competidores, el restaurante de Carlos Pinazo ofrece múltiples ventajas. Desde cocina bien elaborada con toques de fusión (de cajun a asiática) a una variedad espectacular de cervezas, que también se venden por unidades para disfrutar en la oficina o en casa. Lástima que la web no esté actualizada porque siempre es muy útil saber qué ofrece antes de presentarse en el local. En estos momentos sigue el menú de la segunda semana de mayo. Pero aún con ello es de los locales que me gustaría poder ir más a menudo.
Vuelve Carolina.  El proyecto de Dacosta se ha consolidado y este restaurante es hoy uno de las mejores opciones para una comida en el centro de la ciudad. Su servicio ha mejorado espectacularmente y la elaboración y variedad de los platos, también. Para mi gusto destaca el steak tartare y no puedo con las espumas. Por desgracia lo que no tiene solución es lo ruidoso del local, fruto de una mala solución acústica. Sí tendría arreglo, con un poco de atención del equipo, ese kafkiano sistema de teléfono que usan en el que uno puede escuchar "todos nuestros operadores están ocupados, le rogamos lo vuelva a intentar en unos minutos". Con todo, ha habido mejora: antes, se cortaba directamente la llamada si la línea estaba ocupada.
Llenan

Foto de la web de El Ventoroo
El Ventorro. Sin duda, con Vuelve Carolina y Sierra Aitana, es el preferido de los financieros -los de tercer nivel que quedan-, bancarios, periodistas y gente que quiere que la vean. Algunos hay que se sientan en la mesa de la entrada para no perder comba de quien entra y, sobre todo, quien sale a ver si lo saludan. Su calidad ha bajado o, si se quiere ser más cauto, se ha hecho mucho más desigual. He comido recientemente croquetas, sepias, arroz (al horno) y carne (entrecot) que no eran de los de siempre. En especial las sepias que estaban de un blando que mataban. Alfredo sigue sin presentar carta y sin hacer una factura en condiciones. Pero su simpatía, el tipo de comida casera que ofrece, y los vinos que conoce lo compensan (para muchos).
Mar d'Avellanes. Otro de los preferidos de la pomada que trabaja por el centro (que no el barrio del Carmen, en donde erróneamente se autositúa en su blog. Claro que éste también se destaca un comentario gastronómico que lo califica de océano de tranquilidad, y el local será muchas cosas pero tranquilo a mediodía, no (ni la mayoría de las noches dado su éxito). Empezó siendo excelente y ha pasado a ser sólo aceptable. Su servicio se ha hecho todavía mucho más lento y su carta de vinos es poco competitiva respecto a la de los anteriores. Pero sigue gozando del favor del público por lo que no descarto que el equivocado sea yo. Pero comer en medio de este barullo y con el plato del comensal de al lado casi encima de mí, no lo llevo demasiado bien. No tiene tantas mesas por metro cuadrado como los bistrós de Paris, pero casi.
Delicat (sin web) Conde de Almodóvar 4, tel 96 392 33 57. Una cocina interesante con un menú de lo que se puede denominar cocina fusión modesto, pero variado y bien confeccionado. Servicio escaso, una persona para toda la sala, pero eficiente: muchos que se ahogan si superan tres mesas, deberían de darse una vuelta y aprender. Siempre se le pregunta al cliente, o al menos a mí, si hay algo del menú que no le gusta. Como siempre ha sido así, no sé la alternativa si es el caso. Lástima que al carecer de web, no haya forma de saber si lo que ofrece en ese momento es lo que le apetece a uno. Vinos interesantes aunque variedad limitada. Lo peor es que el local carece de cualquier tipo de aislamiento acústico. Si está lleno, o hay un amesa grande, comer aquí puede ser un suplicio.
Se come mal
El Foro (sin web) C/Ballesteros, 3 Tel. 96 352 10 10. Un local que lo tenía todo al haber 'heredado' la inmensa calidad, y los clientes, de aquel Chacalay que la globalización nos quitó y que de seguir algunos de los que llevo mencionados lo tendrían crudo para mantenerse. Pero por causas que desconozco no es lo que era. Ni de lejos. Uno puede entrar y pasarse cinco minutos de reloj esperando que alguien salga a atenderlo. Y pueden pasar algunos más en la mesa, también de reloj, hasta que le atienden siquiera para servirle agua. EL arroz último que comí incomestible y los entrantes nada del otro mundo. Sigue, a pesar de ello, contando con su público, algo incompresible para mí.
Abadia d'Espi. Frente a lo aceptable que comí siempre mientras estuvo situado en la calle En Sala, en su nueva y más grande ubicación nunca he tenido esa suerte. Comida abundante pero de elaboración muy discreta y bastantes platos con exceso de aceite. La parte de bajo en donde he estado en mi última visita resulta claustrofóbica. Debo reseñar una mejora que se agradece: el servicio. Mucho más atento y profesional que en el pasado. Carta de vinos aceptable y extensa pero con pocas sorpresas. La cocina debiera cuidarse más. Claro que para qué, dirán los propietarios, si llenamos casi siempre. Pero no todo debiera ser el número de cubiertos que se sirven. La obra bien hecha cuenta.
Otro referente que cierra: Pastelería Villanueva
Albacar, Tomas Huertas (sólo mantenido por la capacidad empresarial de la familia Andrés Salvador), Vicente Castillo, Bermell... Ahora he sabido que es el turno de la Pastelería Villanueva en la céntrica calle Don Juan de Austria. Aparece cerrada por vacaciones pero no volverá a abrir según me informan de buena fuente. Uno tras otro los referentes que han conformado la vida gastronómica de muchos de nosotros van cerrando. Algunos ¿todos? lo consideran normal. Para mí no lo es. Sólo lo es desde la incultura que no valora lo propio excepto lo más folclórico y desde la confusión entre valor y precio.
Cuando en Nueva York se plantea el cierre del Rainbow Room se produce un debate social. Si lo hace The Russian Tea Room, lo mismo y otra empresa los reabre. Eso por no hablar de París o de otras ciudades de Francia. Aquí nada de nada. Nuestros munícipes están abrazados a las marcas de lujo y lo nuestro les importa un comino. Quizá la mayoría de los valencianos tampoco le parezca raro que seamos incapaces de mantener sagas como sucede en otras partes. Por eso estamos donde estamos.