monti otoño 2013

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Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

viernes, 15 de octubre de 2010

La crisis, ¡qué desastre!

Una crisis no es buena para los gastrónomos porque no lo es para los restaurantes. Pero lo que viene sucediendo en nuestro territorio, en especial en la ciudad de Valencia es algo muy distinto. En la etapa de exageración sin límite, durante la bonanza del ladrillo y los grandes eventos, todo parecía valer con unos precios de escándalo superiores a los de las ciudades de la Europa más desarrollada. Ahora, hemos pasado a otra en la que todo sigue valiendo aunque sea en un sentido diferente. Los precios, es cierto, se han moderado algo-no mucho- pero a costa de hundir la calidad.

Mientras, la falta de profesionalidad, en general, brilla por su ausencia. Hasta en Riff, donde aparecer en la guía roja le llevó a duplicar el precio de los vinos que tenía ya en carta. Inaceptable. Y estos días nos enteramos de que la crisis ablanda el juicio crítico a Antonio Vergara que lo reconoce sin ambages. Incalificable.

Nada se dijo, empero, de los precios de escándalo de tantos, con su amigo el de Ca Sento a la cabeza, cuando las vacas gordas. Mientras otros críticos callados como muertos ante el abuso, de palmeros, como si los que les pagaran fueran esos irresponsables restauradores causantes de sus propias desgracias y no sus lectores. Eso, cuando no escriben lo mismo cada mes de agosto o teclean boberías tipo las que leo en Las Provincias en que se pone en boca del bodeguero Chia que el Brunello di Montalcino es el único vino 100% Sangiovese. Eso sí, de momento no entra en liza Joan C. Martín, defensor de acompañar la paella con cava, y para quien nuestros vinos son [casi] todos tipo château.

Vuelvo pues, por la hartura que me produce tanta desvergüenza. Para que al menos, quien quiera encuentre un susurro -que no voz- anónimo y por tanto independiente que, destacando lo poco bueno que va surgiendo, no calle ante tanto atropello a nuestros bolsillos. Y lo que es peor, a nuestros paladares y a nuestra inteligencia.

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