monti otoño 2013

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Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

viernes, 11 de mayo de 2012

Mercado Central: La Cotorra, doña Rita y la pescaderia



Es el Mercado Central de Valencia una joya de nuestra arquitectura, un referente la forma de ser de los habitantes de esta ciudad. En otra, ahí esta el de La Boquería, sería objeto de mimo nacional. Aquí se le halaga de palabra pero se le maltrata de obra.

Como ya lo he explicitado muchas veces, no volveré in extenso sobre la cuestión: compro en el Mercado Central de Valencia desde que alcancé la edad de uso de la razón y no conozco a nadie más partidario del mismo que yo. Lo que no estoy dispuesto es a comulgar con ruedas de molino. En 2012, que es el año en que vivimos, el mercado necesita, en primer lugar, una profunda remodelación de actitudes que destierre de la falta de profesionalidad que todavía alberga. Y en segundo lugar, menos palabras de halago por parte de nuestras autoridades, y más actos que demuestren que efectivamente se está a su favor.

Viene esto a cuento de la lamentable situación en la que se mantiene la sección de la pescadería que ha sido la parte final de su rehabilitación. Las obras acabaron, hasta el último detalle, hace más de un mes. Pero los puestos siguen en sus lugares provisionales y los clientes obligados a agolparse por los pasillos que, en algunos casos, tiene una anchura ridícula.

¿La razón aducida? Que falta una firma de Ministerio de Fomento, financiador principal de la obra ante la exhausta hacienda municipal. ¿La verdadera? Según he indagado, que la firma que falta en el expediente es "por falta de tiempo". Una falta de interés, en otras palabras, provocado por la monumental irritación de los funcionarios de la capital ninguneados por el consistorio a pesar de que el Ministerio es el pagano.

Lo patético del caso es que como ahora unos y otros son del mismo color político, nadie protesta en el edificio de la Plaza del Ayuntamiento. ¿Se imaginan las voces si siguiera aquel ZP de triste recuerdo? Es lo de menos. Lo de más que es mientras tanto los turistas se quedan sin ver una de las secciones más espectaculares de nuestro mercado y los que allí compramos hartos de los codazos y "capatazos" que recibimos unos de otros al pasar por unos pasillos minúsculos.

Lo más patético todavía es que ello sucede en plena, e inconexa, campaña de promoción del Mercado basada en su cotorra. La cotorra del mercado, jamás he podido comprobar que sea efectivamente una veleta, tiene en torno a sí toda una leyenda, probablemente urbana. La relaciona con su oposición a la veleta de la próxima iglesia de los Santos Juanes, "El pardal de Sant Joan".

En esta leyenda la cotorra sería el exponente de la vida popular llena de cotilleos siempre abundantes en los mercados. El águila, transformada en el lenguaje popular en mero pardal, a modo de emblema de lo espiritual, lo selecto, lo elevado. Dudo que los que gobiernan hoy en la casa consistorial conozcan tal historia, ellos, siempre tan en lo alto. En tal caso no se hubiera permitido utilizar este elemento tan mundano para promocionar el Mercado.

Curiosas contradicciones. Por un lado se promociona la renovación, aun negando que se necesite cambiar nada. Y por otro se gasta dinero para mejorar la percepción social de un mercado en decadencia (por la desidia de unos y de otros) y sin embargo no se mueve ni un dedo para que se abra de una vez la sección de pescadería; para que se mejore la comodidad de los compradores.

Tan real como la vida misma en esta ciudad en donde, como me comentaba un amigo visitante, todo es exagerado. Como los halagos que se le dedican al mercado mientras al mismo tiempo no se hace nada para que subsista en este mundo dominado, y no por casualidad, por las grandes superficies. Pero doña Rita Barberá y su ayuntamiento tiene estas cosas.

Como hemos visto hace pocos días y se destacaba en este diario, mientras se hundía una de las instituciones financieras más importantes de España, ella sólo estaba preocupaba porque mantuviera su carácter valenciano. Pues lo mismo: hay que promocionar el Mercado pero la comodidad de sus clientes le importa una higa.

2 comentarios :

  1. Completamente de acuerdo. Van a hundir el mercado pero son incapaces de hacer nada por él.

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  2. El mercado en su estructura actual no tiene sentido. En la grandes superficies hay el mismo tipo de producto, se puede elegir y el horario es mucho más moderno. Por tanto o se reconvierte en centro de ocio o no hay nada que hacer

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