monti otoño 2013

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Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

sábado, 25 de febrero de 2012

Burriana también existe

Entre los muchos profesionales que están en sus cocinas en lugar de en los saraos de la coentor a ver si consiguen otra subvención con la que seguir su huida hacia ninguna parte, casi nunca se destacan los que están en el norte de la comarca capitalina. Influye, y mucho, el centralismo valenciano y también la imagen que difunden esas comarcas del norte por unos cuantos, digamos, presuntos casi todo. Los comportamientos de los que han superado al Cossi caciquil de la Restauración del lejano siglo XIX lo difumina todo de aquellas tierras. En las que se trabaja mucho y bien. En el terreno de la gastronomía y en muchos otros.
En el primero merece destacarse un grupo de restauradores que han conseguido un nivel de calidad reseñable a pesar del escaso eco que tienen fuera. Y a unos precios moderados que, según entiendo de la jerga de los economistas, hacen rentable el viaje. En la ciudad de Castellón y fuera de ella. En la primera destaca Arbequina, que ya les comentaré en el futuro. Y fuera de ella, en torno a media docena de restaurantes. De entre ellos, quisiera referirme ahora a La Regenta porque es el que he visitado más recientemente. Con dos locales claramente diferenciados es a la Rengentamar (al final de la escollera de poniente del puerto de Burriana) al que quiero referirme aquí puesto que el otro está destinado a eventos.
Lo primero que destaca del mismo es la tranquilidad que lo domina. Sin duda, como en las anteriores ocasiones en que lo he visitado, la suerte ha sido mi aliada. En una sala de ese tamaño, como en cualquiera, una mesa llena de gritones maleducados de los comentados al texto de la semana pasada arruinaría la comida. Pero no ha sido así y junto a una relajada vista sobre el puerto, la decoración -incluidas las cómodas sillas tan a menudo ignoradas en su importancia- ayudan a encontrarse a gusto. Menos tal vez por la noche si se encienden la cantidad de focos halógenos que conté. Pero como ha sido siempre a mediodía... También ayuda mucho el servicio -diría que nativo del este de Europa- de una profesionalidad por encima de la media tanto con el vino como el servicio de platos.
Como no podía ser de otra manera por estos lares, en la Regenta se hacen buenos arroces. Pero no sólo buenos arroces. También tiene muy buen producto de mar con alguno de ellos, como las espardenyes, nada fácil de encontrar en las cartas actuales y menos a precio aceptable. Pero junto a estos dos rasgos, en su cocina hay un intento de dar un paso más ofreciendo propuestas que sin ser de elevada sofisticación, sí resultan diferentes en la forma de elaborarlas. Ignoro si disponen de todas ellas todos los días, pero en ninguna de las ocasiones en que lo he visitado he tenido problemas con mi elección.
Desde un cochinillo crujiente con tatin de nísperos a un pichón de bresse con salsifis aunque resultara decepcionante por su exceso de cocción. A ellos se añaden unos pescados muy aceptables (a destacar de lo probado el pulpo con cremoso de patatas, garbanzos y aceituna negra). Y sobre todo unos postres que quizá son lo más conseguido de la cocina de este local (son los que están en la carta que figura en la web).
En resumen, es una opción a conocer demostrativa de que Castellón, y más concretamente, Burriana, también existe gastronómicamente. Además de en la geografía: junto  con París y Londres, Burriana forma el más conocido de los tridentes según refleja la imagen que figura en el frontispicio de su mercado, en donde la torre local se entrecruza con la Eiffel y la del Big Ben.

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