monti otoño 2013

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Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Homenaje a la paella en Valencia o como tirar nuestro dinero

Es como hacer publicidad de caramelos a la puerta de un colegio o de ordenadores en el Silicon Valley. La Diputación de Valencia ha tenido la genial ideal de promocionar un congreso "mundial", ahí es nada, de homenaje a la paella. Pero en Valencia, una ciudad en donde el 99% de sus habitantes pensamos que es uno de los grandes platos, si no 'el plato', de la gastronomía.

Es la forma más estúpida de tirar el dinero de los contribuyentes que imaginarme pueda ahora que la Generalitat, como el resto de las administraciones -menos la Diputación de Valencia por lo que se ve- no sólo está reduciendo puestos de trabajo sino que, según leo, nadie está dispuesto a comprarle sus títulos de deuda pública.

Protegidos por la necedad del diputado de turismo, un tal Isidro Prieto, unos listillos de sobra conocidos en este sector, le han vendido a "la Dipu" la idea genial de promocionar la paella ni más ni menos que donde menos lo necesita: en su propia casa. Del coste de tal evento nada se dice. Pero no será escaso porque los que organizan el dislate no trabajan gratis ni mucho menos. En el terreno gastronómico cabe lamentar que cocineros de calidad incuestionada como Martín Berasátegui se hayan apuntado a sajar las cuentas públicas valencianas en estos momentos dramáticos para tantos de sus colegas.

La promoción de la gastronomía valenciana está a años luz de la que disfruta la de Cataluña o el País Vasco. Se puede incluso afirmar sin exagerar que está todo por hacer. A la docena larga de grandes cocineros con los que contamos, entre ellos un buen número de mujeres lo que es un hecho distinto y distintivo, se añaden otra docena de promesas que van avanzando a buen ritmo en ese duro mundo de la restauración. Y otra más de locales en dónde bordan la paella, aunque no necesariamente el resto de los arroces en donde Alicante da sopas con onda a Valencia mal que pese a los capitalinos.

Excepto estos últimos que son identificados erróneamente con la gastronomía de la Comunidad Valencia los demás, y más todavía los bodegueros, no cuentan con el apoyo que merecen. Igual estoy equivocado y debo rectificar, pero no he visto a la Diputación organizando semanas de gastronomía valenciana en Madrid, Barcelona, Sevilla, Pamplona o Bilbao. Por no mencionar de fuera de España de donde proceden un buen número de quienes nos visitan, no todos turistas de bajo nivel de renta, que poco o nada saben de nuestra gastronomía.

En ese doble contexto de la brutal crisis que sufren las finanzas públicas valencianas y la falta de apoyo a nuestros cocineros, la iniciativa de Alfonso Rus y sus diputados es mucho peor que una astracanada. En mi modesta opinión, es una falta de respeto. Primero, a los grandes cocineros valencianos. Y segundo a todos los contribuyentes cuyo dinero despilfarra en este pan y circo

1 comentario :

  1. Completamente de acuerdo. Esto es pan y circo para la parroquia a costa del dinero de todos que tan escaso va. Y demuestra que las palabras de austeridad son como humo y que la ley de embudo, ancho para unos y estrecho para la mayoría, funciona.

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