monti otoño 2013

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Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

viernes, 28 de octubre de 2011

Murviedro, Gandia y sus vinos fantasmas

Hace unos años ya les comenté extrañado la estrategia comercial de Enrique Mendoza al vender su excelente Santa Rosa con cuentagotas entre nosotros cuando fuera de la Comunidad sobraba. Recuerdo todavía con desagrado la cantinela de quien "te hacía el favor" de venderte una botella cuando en Pecados Originales, aquella pionera tienda en internet de Valladolid ya desaparecida, te mandaban en 24 horas todo el que querías y casi un 10% más barato.

Lo consulté con mis amigos economistas y ninguno supo darme una respuesta satisfactoria excepto la de darse a conocer en otros zonas, que la existencia de la compra online convertía en inútil. Pero es que ahora la estrategia comercial ha dado un paso más y se publicitan vinos que no es posible encontrar en las tiendas de vinos habituales. El ejemplo sobre el que está basada la afirmación anterior es el del premiado Murviedro Expresión 2008 Solidarity de la bodega del mismo nombre perteneciente a la multinacional suiza Schenk (96 millones de botellas de producción) que tampoco utiliza su red comercial en España para vender sus vinos italianos o franceses.

Según se señala en la web de la bodega, el vino ha conseguido una medalla de oro en Challenge International du Vin 2011 (Francia), otra en Mundus Vini 2011 (Alemania, y una tercera en los Premios Cofradía del Reino de la Monastell 2011 (al ser un coupage de esta variedad y la garnacha). Además, la bodega decidió vincular el vino con el Año Internacional del Alzheimer de forma que una cantidad significativa de los ingresos de su venta vaya a la Fundación Alzheimer España para potenciar la investigación sobre esta enfermedad. Una iniciativa que le dio una más que notable publicidad y que unida a los galardones invita a comprar el vino y tener una opinión.

Pues lo curioso es que tras un recorrido por más de una docena de las más habituales y mejor surtidas tiendas de vinos de Valencia, en ninguna conocen el vino ni, por consiguiente, lo tienen. Ni a lo que parece pueden conseguirlo. No sólo éste de 2008 tan galardonado, tampoco el de una añada anterior con el que uno pueda hacerse una idea de qué tipo de caldo se trata. No sé si soy el único, pero yo desde luego voy a tardar en comprar algún vino de Murviedro.

Peor todavía, en mi opinión, son esas estrategias dispuestas a todo para llamar la atención. La más penosa es la aragonesa Lamarca wines que produce Cojón de Gato y Teta de Vaca. Con el argumento de que así son fáciles de recordar y que llaman la atención, el 'lumbreras' que lleva la publicidad debe creer que lo tiene todo conseguido. Les obvio lo que ha ganado, en mí caso que no es nada bueno.

Lo peor es que entre nosotros tenemos otro ejemplo casi tan deplorable. La dinámica bodega Vicente Gandía que ya protagonizó en plena inestabilidad política en la España democrática la campaña de que Ceremonia era "poco democrático", se ha lanzado ahora a vender su albariño bajo el nombre de Con un par, frase de asociaciones inmediatas. Seguro que tiene justificación aunque sea tan lamentable como la que se expuso entonces cuando para arreglar el entuerto se aclaró que no se trataba de que fuera "autoritario, sino que es un vino con su propio carácter, de gama superior", identificando lo inferior, por tanto, con lo democrático.

Pero es que de nuevo el albariño de marras, como el Ribera y el Rioja que acaban de lanzar, no está en ningún lado (excepto en la tienda de la bodega) a pesar de que han sido presentados a la prensa y publicitados por los asistentes. ¿Para qué les sirve entonces esta estrategia si al común de los consumidores lo único que le reporta, al margen del probable rechazo por el nombre, es perder el tiempo? En mi caso para irritarme. Y habiendo multitud de buenos vinos para olvidarme de ellos.

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