monti otoño 2013

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Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

martes, 25 de octubre de 2011

Restaurante Sudestada: una delicia


La mejora de la gastronomía española ha ido acompañada de una estandarización en lo que buena parte de los restaurantes ofrecen. El cordero a baja temperatura, el cochinillo deshuesado o el tartar de atún empiezan a ser tan frecuentes en las cartas como lo era el pollo o los espárragos (de bote) con mayonesa en el menú turístico que impuso Fraga hace décadas.
Por no hablar del imperio del menú sorpresa, justificado de todas las formas posibles menos de la verdadera, que es ahorrar costes, o de la pretendidas genialidades de algunos que quieren hacer de los paganos conejillos de indias de sus frustraciones (a más de cien euros el cubierto) o que quieren que guardemos cola para ir como si repartieran lingotes de oro. En mi opinión, las colas no están justificadas en ninguno de nuestros cocineros excepto en Adrià que, como auténtico genio que es, ahora las reproduce en Tickets.
Nada de esto afecta a Sudestada, un restaurante de la capital de España que triunfa merecidamente y sin otra estrategia que la calidad, la imaginación, el buen servicio y los precios aceptables. No hay más secreto. Mientras otros pretenden tener cubiertas las reservas por meses (para descubrir cuando se va que hay mesas vacías y que se llena a bases de promociones de grupo), aquí el problema es justo el contrario. Siempre que se va está el local a rebosar y si algo falta es mayor separación entre mesas para mejorar la intimidad del disfrute.
¿Qué se come en Sudestada? Pues cocina asiática pero con escasa relación con lo ofertado en los demás restaurantes de cocina asiática a pesar de ser los mismos los componentes de muchos platos de la carta. Así los rollitos vietnamitas (de cangrejo y cerdo) son inigualables, como lo es el pollo de granja a la barbacoa con una refrescante pasta cuyo sabor soy incapaz de describir, la ensalada de lengua con algas o el curry rojo. Todo parece igual pero no lo es porque la técnica de cocina es muy superior y el precio, en torno a 45 euros sin vino, compensa la diferencia.
Mientras en Vancouver o en otras ciudades con colonias asiáticas de elevado nivel de renta que conozco los restaurantes de esta cocina han ido para atrás, como sucede en Valencia en donde impera la cocina precocinada, Sudestada ha ido mejorando. Es hoy un restaurante de visita aconsejable para romper la monotonía de la mayoría. Lo cual no quiere decir que tenga que gustar a todo el mundo. Primero porque es cocina asiática y segundo porque los sabores son en general fuertes y con picante abundante (aunque no todos).
Pero sobre todo, porque el éxito le hace llenar de continuo y tantas mesas en tan poco local (a pesar de no ser pequeño) lo hace ruidoso. Y con fallos en el servicio a pesar de su innegable profesionalidad. No se engañen por tanto por la imagen que acompaña el comentario. No es que no sea real. Es que me gusta comer y cenar temprano. En buena medida para evitar los problemas de todo tipo que acompañan el llegar al mismo tiempo que todos los demás.

Restaurante Sudestada. C/ Ponzano 58, Madrid. Tel. 915 334 154

1 comentario :

  1. Ya era hora de que salieran comentarios de fuera de la comunidad valenciana. En ocasiones parece que sea una república independiente aislada en el espacio sin contacto con el exterior. Y hay mucho y muy bueno fuera

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